27.8.11

"Cuando el sol sale"


Cuando el sol sale, un nuevo día comienza
la flor marchita no crece, se seca
pierde vida con cada segundo, minuto, hora...
Pierde vida con cada aliento que regala
al mundo nuevo.
Cuando el sol sale, un nuevo día comienza
el pájaro herido brama, grita, llora
pierde vida con cada hora, día, semana...
Pierde vida con cada suspiro que regala
a quien le rodea.
Cuando el sol sale, un nuevo día comienza
el hombre es enjaulado en su propia vida
pierde vida con cada semana, mes, año...
Pierde vida con cada sueño roto
por aquello que le sobrepasa.
Cuando el sol sale, un nuevo día comienza
toda la existencia va perdiendo color
el sufrimiento acaba con ella, la despide.
La crueldad la acerca al abismo
del que solo escapan los fuertes.


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20.8.11

Simplemente ella (Parte III)


Tras oír sus palabras, Paloma volvió a abrazarlo enternecida porque sabía que tenía razón. Es más, estaba convencida de que todas esas lágrimas derramadas por lo material que no podía poseer se hacían insignificantes si se comparaban con la ilusión y la alegría que la hacían salir adelante con tanto éxito y plenitud.
Paloma e Ismael pasaron la noche allí, tumbados sobre la arena mientras contemplaban las estrellas y enumeraban en cada una un sueño para ella. Era muchos, y difíciles de conseguir, pero muy hermosos y no imposibles.
A la mañana siguiente, cuando llegó a su casa, su madre ya se había ido a trabajar. Aprovechando la tranquilidad, se encerró en su cuarto y plasmó en un papel todo aquel dolor y sufrimiento que le causaba no poder aspirar a lo que tenía el resto. Se rió mientras recordaba sus quejas, cuando comentaban que estaban en crisis y que no había dinero.
- Lo que es la ignorancia -murmuró.
Tras concluir sus pensamientos, metió las hojas en un sobre y escribió sobre él: “No lo necesito para ser feliz. Ya lo soy”. Acto seguido, lo cerró y lo metió en el fondo de un enorme cajón. Paloma, con una gran sonrisa, salió del cuarto y comenzó con las tareas del hogar para volver a sorprender a su madre.
Dos años después, Paloma entró en la universidad a cumplir uno de sus sueños: estudiar medicina. Aprobó la PAU con sobresaliente, lo que le permitió estudiar con todos los gastos pagados durante los primeros años. Dejó sus miedos a un lado y se sintió orgullosa de tener la vida que llevaba. Además, siempre contó con el apoyo de Ismael, lo que hizo que su amistad quedara a un lado Para convertirse en un sentimiento mucho más profundo para los dos.
Paloma sufrió mucho tiempo pero consiguió aprender los verdaderos valores de la vida. Además del respeto y esas cosas por el estilo, el esfuerzo y la lucha diaria eran algunos de ellos, y los más importantes para ella.
Si no hay una meta que seguir, un sueño que perseguir, o una ambición por la que luchar, nuestra vida pierde color y la vemos como una más que es llevada a acabo porque sí, sin motivo alguno. ¿Por qué ser del montón cuando puedes ser diferente? Porque, cuando uno tiene algo por lo que esforzarse, hace que valga la pena vivir, y el saber que has conseguido tus sueños gracias a ti te llena de satisfacción y te hace sentir pleno. La vida es como tú la haces, así que elige tu camino. ¿Qué prefieres? ¿Vivir una vida monótona y aburrida o enfrentarte a la aventura de vivir día a día? Ella sí lo tuvo claro.

                                                                    FIN


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19.8.11

Simplemente ella (Parte II)

Tras aparcar, se adentraron en el centro comercial en busca del resto. El miedo de Paloma se hizo presente cuando los vio allí, deslumbrantes, esperándolos. Ellos, tan elegantes con aquella ropa tan cara y de ensueño. Ella, repitiendo siempre los mismo vaqueros porque no podía permitirse aquel lujo ni en sus mejores sueños.
Paloma se puso tensa, Ismael lo notó.
- No dejes que te afecte -le susurró.
Y con un intercambio de sonrisas se fueron a comprar las entradas. Una vez en el cine, la oscuridad de la sala la hizo sentirse cómoda y disfrutó de aquella película como una cría. Se propuso olvidar sus preocupaciones y decidió pasárselo bien. Pero sus amigos no veían sus aficiones como un pasatiempo y disfrutaban más visitando cada rincón de una tienda que dando un tranquilo paseo por ahí. Decidió aguantar, y tragar, y reprimir esas lágrimas que luchaban por desbordarse. Porque ellos no podían llegar a imaginarse lo mucho que dolía.
“Cuando lo tienes todo a tu alcance, ya no queda nada por lo que luchar, y ni los más perfectos caprichos te satisfacen” -pensó.
Unas horas más tarde, cuando su mundo terminaba de caerle encima, Ismael la sacó de allí. Una simple excusa y se alejaron en dirección a su lugar favorito: la playa. Paloma no podía más y con Ismael no tenía por qué esconderse. Dejó salir sus lágrimas.
- Mira que duele -murmuró.
- ¿Por qué no me avisaste? Nos habríamos ido antes.
- No lo sé Ismael, no lo sé.
- Han empeorado las cosas ¿verdad? -preguntó al entenderla.
- Mi padre sigue sin encontrar trabajo y mi madre... bueno, ya sabes lo mucho que trabaja por tan poco.
- Entiendo cómo te sientes -murmuró.
- No digas eso Ismael, tú no entiendes cómo me siento.
- Pero lo intento.
- Pues no lo hagas, por favor. Lo menos que necesito es dar lástima -le dijo en un tono borde.
- Tampoco es necesario que te pongas así -contestó Ismael, ofendido.
- … Lo siento, perdóname -dijo ella segundos después.
Y Paloma se lo contó todo luego. Otra vez. Las lágrimas recorrían sus cálidas mejillas mientras le contaba lo cansada que llegaba su madre de trabajar y ella, dejando un rato sus estudios, hacía todas las tareas del hogar en su ausencia, desde una simple cama hasta hacer la comida y poner lavadoras, para darle una sorpresa. Las manos le temblaban cuando le dijo los grandes esfuerzos que hacía cada mes para intentar comprarle una pieza de ropa que le gustara. Y se le quebró al voz cuando le confesó las conversaciones de sus padres en la noche, cuando ella le decía a él que no podían arrebatarle los sueños a su hija y lo darían todo por llevarla hasta la universidad.
Ismael, con los ojos rallados, no pudo hacer otra cosa sino abrazarla con ternura y rogarle que se calmara. Le susurró con cariño que contara con él para cualquier cosa y que siempre velaría por ella. Y sus palabras encendieron una pequeña llama en el corazón de Paloma, que sonrió al darse cuenta de la suerte que tenía de tenerlo.
- Tus padres deben estar muy orgullosos de ti -le dijo Ismael un rato después.
- ¿Por qué dices eso?
- Cualquiera desearía tener una hija con unas notas como las tuyas, que sabe organizarse incluso para tener tiempo de darle una sorpresa a su madre y dejarle la casa perfecta. Puede que no lo tengas todo pero eres feliz. ¿Sabes por qué? Porque el esfuerzo que realizas por conseguir tus propósitos te llena por dentro y hacen que haya valido la pena.

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Simplemente ella (Parte I)


Hoy en día hay demasiado jóvenes que no son capaces de valorar lo que realmente es el esfuerzo. Pero ella sí lo sabía. Muchos adolescentes tienen la suerte, o quizás no tanta, de tener una vida donde no les falte de nada, con unos padres que cuentan con un buen trabajo y una parte de su suelo pueden dedicárselo a sus hijos sin ningún problema. Pero aquella no era su suerte, o quizás sí la era.
Paloma era una joven de dieciséis años. Sus ojos, grandes y hermosos de un color castaño claro, combinaban a la perfección con su pelo moreno y brillante con aroma a limón. Una nariz afilada le daba un toque fino a su cara, y unos labios carnosos, siempre con una sonrisa dibujada, terminaban de complementar con un rostro dulce y adulto. Aparentemente, era una chica como las demás, pero ella sabía que era diferente. Porque lo era. Tenía un carácter demasiado maduro para su edad, dominado por una responsabilidad enorme y un profundo deseo de cumplir hermosos sueños y ambiciones. Era una chica muy comprensiva, cariñosa y amable, a pesar de que ocultaba su situación económica como un importante secreto que le regalaba momentos de tristeza y desilusión cada día. Por eso conocía el verdadero valor del esfuerzo y creció aprendiendo a luchar cada día.
Se pasaba las tardes estudiando para sacar buenas notas que le permitieran acceder a las becas. Aquel sábado, a las seis, una llamada interrumpió si tarea diaria.
- Hola Palomita, ¿cómo estás?
- Recuperándome de un ataque cardíaco, me has dado un susto de muerte -le dijo a Ismael, su mejor amigo. 
- Esa era mi intención -contestó él riéndose. - ¿Qué hacías?
- Estudiar, ¿qué si no?
- Vamos Paloma, deberías tomarte un respiro. ¿Te gustaría venir al cine conmigo y unos amigos? Te vendrá bien despejarte.
- Lo que me viene bien es estudiar Ismael, necesito aprobar.
- Eres una empollona, lo sé, pero también tienes derecho a descansar.
- Ismael... no tengo dinero -soltó segundos después.
- Pues yo te invito.
- No me hagas sentir mal -dijo Paloma entristecida.
- No pienso aceptar un no. Vamos Paloma, por favor.
Ella, tras pensarlo bien, terminó aceptando. Una hora más tarde se encontraba en su coche de camino al cine.
Ismael, su mejor amigo, el único que la conocía realmente y sabía ese secreto que ella tanto ocultaba. Sus ojos rasgados y brillantes infundían confianza y su enorme sonrisa hacía presente la alegría con la que vivía cada segundo, cada minuto, cada hora. Era un chico muy fuerte y seguro, lo que ayudaba a Paloma a tener en quién apoyarse en sus momentos de debilidad. Era su amigo, el único que conocía todo de ella.
Un silencio profundo llenó el coche de camino al cine. Un miedo impronunciable ocupaba los pensamientos de Paloma, el miedo al ver al resto de la pandilla. ¿Les caía bien? Eso no le preocupaba en absoluto. Le parecía peor como se sentía cuando se los encontraba de frente...

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15.8.11

"¿Un Error? No lo creo

Muchas veces, un final puede ser un principio. No hay nada de lo que debas arrepentirte, porque cada acto que forme parte de tu vida te ayudará a formar la persona que eres, la que quieres ser.
¿Cuántas veces, después de un dulce momento, viene uno desagradable? ¿Y cuántas veces sabemos sacarle provecho? MUY POCAS.
No pensamos que realmente el dolor no existe, sólo se trata de un simple sentimiento que nos prepara para crecer, para madurar... para hacernos MÁS FUERTES.
Cuando se sufre, cuando algo sale mal, no es excusa suficiente para echarse atrás y pensar que todo nos pasa a nosotros, hay que saber mirar el lado positivo, entender que eso a lo que llamamos ERRORES sólo son un paso hacia el GLORIOSO ÉXITO
Hay que entender que después de la tempestad viene la calma, y que uno siempre es más feliz tras haber superado un mal momento con fuerza y valentía. Eso es lo que nos hace mejorar, aprender a levantarnos cada vez que caigamos, no importa las veces que sean.




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9.8.11

"Todo Cambia"


Llevaba varios días ocurriendo, quizás varias semanas, pero no se quería dar cuenta de ello. En el fondo lo reconocía, sabía que ya nada era lo mismo, pero su orgullo no le permitía decirlo en voz alta.
Algo dentro de ella había cambiado, un sentimiento llamado amor. Pero no hacia alguien, sino amor hacia sí misma. Llevaba tiempo sin sentirse bien, obsesionándose con cosas que poca importancia tenían. Tenía complejos, demasiado para ser exactos, y esa sensación de sentirse vacía no la dejaba tranquila. “¿Por qué nos cuesta tanto aceptarnos como somos?” Esa era la pregunta que se repetía una y otra vez.
Con ese maldito pensamiento comenzó a encerrarse, a no querer salir, a convertirse en esclava de su propia vida y a perder el brillo de su sonrisa. Ya no era la misma, todo había cambiado. Ella y su personalidad. Ella y su forma de ver la vida. Ella... simplemente ella.

Algunas veces, nos centramos tanto en los defectos que dejamos de ser felices y sólo aparentamos ante los demás. BASTA! Aquí nadie es inferior a nadie, cada uno es un mundo único y mágico, alguien especial. No sirve de nada hundirse y dejar de luchar, NO SIRVE! ¿ME OÍS? Podría decirlo sin más, pero es más bien un consejo de amiga. Yo también quise darlo todo por perdido y cuánto me arrepiento, porque a mis seres queridos hice sufrir con esto. De verdad, NO VALE LA PENA! Sed vosotros mismos siempre, y que los demás digan lo que quieran. Si no lo haces, no saldrás adelante, y no creo que quieras perderte las maravillas que puede ofrecerte esta vida.



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3.8.11

TAN SÓLO DIECISÉIS (Parte III)

Con el paso del tiempo, mi familia y mi mejor amiga me hicieron recuperar la ilusión y la alegría. Estuvieron conmigo en todo momento y no me abandonaron cuando tuve a mi hija. No pude evitar sonreír cuando vi a aquella criatura en mis brazos, fruto de una locura e inspiración del resto de mi vida. Me hice cargo de ella, con ayuda de mis padres, y por ella dejé los estudios a un lado, junto con mis verdaderos sueños y ambiciones. Tuve que ponerme a trabajar y estudiaba algunas noches ayudada por mi mejor amiga. Hice muchos esfuerzos y no sólo para sacar adelante a mi hija, también por mí.
¿Quién me iba a decir a mí que yo, la que odiaba las responsabilidades, iba a tener que hacerme cargo de una niña con tan sólo dieciséis años? Y parece mentira que sea ahora, cinco años más tarde, cuando me doy cuenta de todo y del error que muchos adolescentes cometemos hoy. Quise ser mayor antes de tiempo, vivirlo todo de un tirón, no tener que esperar por esas experiencias sino vivirlas al instante, fuera como fuese y con quien fuese. Ese fue mi error. Entendí mal la típica frase "vive cada día como si fuera el último". No expresa que tengas que vivir las situaciones de un año entero en un solo día, expresa que tienes que vivir las situaciones día a día. Porque todo nos llega, pero a su tiempo. No hay que intentar crecer antes porque cuanto más lo intentas, más niño te vuelves y no terminas de madurar  para llegar a ser adulto.
Y hoy vuelvo a pedirle perdón a mi mejor amiga por todo lo que le hice pasar. Ella, la responsable y precavida, la reservada y ya no tan sosa para mi gusto que tiene tiempo para todo. A diferencia de mí, con sus veinte años estudia lo que siempre ha querido, con un novio guapísimo que la adora y con tiempo para salir de marcha por las noches. Me avergüenzo de mí misma por haberme reído de ella y haberla llamado retrasada cuando soy yo la que no tiene tiempo para cumplir aquellos sueños porque tiene una hija. Y ella, tan buena amiga, sigue ayudándome, viniendo a verme y estando siempre conmigo.
Y hoy vuelvo a pedirle perdón a mis padres por haberles faltado el respeto. Ningún hijo se da cuenta de todo lo que hacen por nosotros. Decimos que no nos comprenden pero sí lo hacen. Se desviven por nosotros y no reconocemos que llegamos a ser lo que somos gracias a ellos. Porque no me abandonaron cuando estuve mal, me ayudaron y me levantaron sin tenerme nada en cuenta. Y eso sólo lo hacen ellos, los que te dieron la vida y te ayudan a crecer como persona. Sólo que eso no sabemos verlo.
Cierro el cuaderno y me cruzo con la mirada de mi hija que sonríe alegre desde el tobogán. La saludo antes de cruzarme con una chica de dieciséis años que discute con su madre porque no la deja ir a esa fiesta tan estupenda. Después de dejarle claro que no, ella la mira malvada. La reconozco. Esa noche se escapará e irá a la fiesta. Suspiro y rezo por ella y su suerte, para que no cometa el mismo error que yo y otras muchas. Por desgracia sé que esa joven inocente no la tendrá. Vuelvo a mirar a mi hija y dudo.
Miro a la chica, recuerdo tantos otros casos que se han oído por la tele y las jóvenes, sin embargo, siguen cayendo. Cuando comencé a escribir esta historia pensé que sería una gran idea. Pensé que, quizás, sería ese ejemplo que lograra que muchos casos como el mío fueran diferentes. Ahora ya no estoy tan segura.

                                                                           FIN


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TAN SÓLO DIECISÉIS (Parte II)

Aquel maldito viernes, sin imaginármelo siquiera, todo se me escapó de las manos, aquello a lo que yo llamaba mi "plan".
- ¿Adónde crees que vas? -me preguntó mi madre a las diez, cuando intentaba salir.
- Con mis amigos.
- Esos no son amigos hija, son delincuentes.
- ¡No te atrevas a tratarlo así! ¡Tú no vales nana comparada con ellos!
- No me hables así, que soy tu madre.
- ¿Y qué?
- Vete ahora mismo a tu habitación, estás castigada sin salir. Y no volverás a ver a esos chicos.
- Y quién me lo va a impedir, ¿tú? -me burlé.
- Vete, ¡ya!
Me reí de ella y subí a mi habitación. Una hora más tarde, conseguí escaparme de casa y fui a encontrarme con mis amigos. Fuimos a una discoteca nueva, el lugar donde sucedió mi peor pesadilla. Toni, el líder, al que yo creía mi Dios, se convirtió en mi enemigo aquella noche.
- Toma -me dijo, tendiéndome unas pastillas. - Te pondrás en ambiente.
Aparté su mano. Drogas, esas malditas tentaciones de las que nos advierten una y otra vez en cualquier sitio y lugar, a cualquier hora, en cualquier momento.
- No seas tonta -me dijo sonriendo.
Tentaciones que llegar sin avisar, de repente, cuando no lo esperas. Había hecho muchas locuras con ellos pero... Maldita sea, ese día tampoco pensé con la cabeza. Lo miré unos segundos y cogí una. Me la tomé con... resulta gracioso, nunca supe qué fue lo que me dio a beber aquella noche. No recuerdo nada, sólo sé que esa noche me volví loca, me disparaté, y mi cabeza no se hizo responsable de mis actos. Lo último que me vino a la mente fue sentir la mano de alguien alrededor de mi cintura. Después... todo se volvió oscuro.
Desperté en la casa de mi mejor amiga. Ella lloraba a mi lado y me abrazó en cuanto abrí los ojos. No entendí nada en ese momento. Lo comprendí dos meses más tarde, cuando los que yo creía mis amigos dejaron de hablarme y unos extraños malestares me llevaron hasta el hospital... donde descubrí que estaba embarazada.
Cuando a una chica de dieciséis años le dan una noticia semejante, es normal que se le caiga en mundo encima. No sabía qué hacer, cómo actuar.
Al salir del médico con las pruebas, pensé en mi mejor amiga. Me sentí fatal cuando me enteré que aquel viernes fue a buscarme a la discoteca. Me habían dejado allí sola. Supongo que alguien se compadeció porque la llamaron y se lo contaron. Y vino corriendo a ayudarme a pesar de cómo la había tratado los últimos meses. Ella, mi amiga, la responsable y precavida, la reservada y sosa para mi gusto. Ella, más inteligente que yo. Se lo conté todo a ella y le supliqué mil veces perdón. Ella me acogió sin miramientos, sin recordarme que ya me lo había advertido, porque era realmente una amiga, mi amiga. Casi me da algo cuando me aconsejó que se lo dijera a mis padres.
 "Me matarán, me echarán de casa, me desheredarán, me odiarán para siempre" -pensé. Pero me armé de valor y se lo conté todo aquella noche. Mi madre lloró a lágrima viva, mi padre se quedó sin palabras, y ambos me fundieron en un abrazo y me brindaron todo su apoyo, a pesar de que no me lo merecía.

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2.8.11

TAN SÓLO DIECISÉIS (Parte I)

Cuando comencé a escribir esta historia pensé que sería una gran idea. Pensé que, quizás, sería ese ejemplo que lograra que muchos casos como el mío fueran diferentes.
Estoy aquí, en el parque, viéndola jugar con esa gran sonrisa. Parece mentira. Ya han pasado cinco años y parece que fue ayer cuando todo empezó.
Yo tenía 16 años. Me consideraba una chica normal como tantas otras, un poco rebelde y soñadora que no podía esperar a hacerse mayor. Quería serlo en ese preciso instante y no tener que esperar más tiempo. Quería gozar de total libertad, tomar mis propias decisiones y ser independiente. ¡Qué error tan común! Yo era todo lo contrario a mi mejor amiga, tan responsable y pensando bien antes de actuar. Ella, tan reservada, tan... sosa para mi gusto. Pero yo no, yo odiaba las responsabilidades, yo quería vivir.
Aquel año, cuando comenzó el instituto, conocí mucha gente nueva. "Malas compañías", como decía mi amiga. A mí no me lo parecían, los veía como chicos y chicas libres que podían hacer lo que les diera la gana. El cambio radical empezó cuando comencé a salir con ellos. Salíamos por las noches, sin que nuestros padres se enteraran, y nos colábamos en discotecas y lugares por el estilo. Ese había sido mi sueño, entrar en una discoteca por fin, salir de noche y divertirme a lo loco, sin pararme a pensar en mis actos y sus consecuencias. Al menos, eso era lo que yo creía. 
Total, que iba cambiando poco a poco y mi rebeldía aumentaba con el paso de los días. Mi amiga no sabía nada de eso, nunca estuvo de acuerdo.
- Estás muy rara -me dijo un día.
- Mi madre dice lo mismo, sois unas maniáticas.
- ¿Qué es lo que te ha pasado? Te estás convirtiendo... en alguien que no eres.
Me eché a reír en su cara y la llamé ridícula. Le dije que estaba loca y que aprendiera a vivir la vida como yo en vez de ser tan estúpida y retrasada.
Ahora, al recordarlo, me siento idiota sólo de pensar que la loca y retrasada era yo, no ella.
Estuvimos un tiempo sin hablar pero yo creía que no la echaba de menos. Salía más con mis otros amigos y me divertía muchísimo. En resumen, yo estaba cambiando a peor y no quería reconocerlo. Me había vuelto insoportable y les había perdido el respeto a mis padres totalmente. 
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